lunes, 10 de mayo de 2010

Texto del catálogo de "Para Elisa", escrito por Mariano Casas

La exposición "Para Elisa" de Carmen Martín terminará mañana, martes 11 de Mayo, víspera de la inauguración de "Desajustes" de Anxo Varela. Os traemos aquí el texto del catálogo, que ha escrito nuestro amigo Mariano Casas. Creo que es uno de los mejores textos de introducción para un catálogo de una exposición que he leído nunca:



Hace unos tres años me compré en un bazar chino un despertador. Tenía forma de manzana roja, me atrajo de inmediato su aspecto kitch a la par que extrañamente elegante. Y sobre todo, me atrajo el hecho de que sólo costaba un euro. Al abrir en casa la caja en la que venía observé que carecía de manual de usuario, y en su lugar aparecían en la propia caja unas escuetas instrucciones que además estaban escritas en chino. Tampoco eran necesarias, porque el funcionamiento del aparato era sencillo, una vez que pasabas unos cuantos minutos dándole a todos los botones. El flamante despertador me despertó la primera noche con un estruendoso "son las ocho y media", dicho así,en español, pero con un simpático acento chino. Sería más simpático aún si le hubieran puesto diez veces menos volumen. A lo mejor se podía bajar, pero con la escasez de instrucciones y mi desconocimiento del chino nunca lo sabré. El segundo día también me despertó, aunque el susto fue menor, porque ya estaba prevenido sobre los decibelios del ingenio mecánico. El tercer día ya no me hizo falta el despertador. Como un efecto inverso de los perros de Pavlov, ya me había despertado antes, mi organismo me había evitado inteligente y sabiamente el sufrimiento de tan aparatoso despertar. Y el cuarto día ya no hubo estruendo,ni sufrimiento, ni efecto Pavlov, el despertador nunca más volvió a funcionar,nunca volvió a mover las agujas ni a hablarme a gritos en ningún idioma...ahora es un adorno en mi mesilla de noche. He tenido también, dada mi curiosidad hacia todos los aparatos susceptibles de crear imágenes, incluyendo los bolis,numerosas cámaras de foto y vídeo. Como siempre fui un simple aficionado nunca había tenido una cámara buena de verdad, sólo aparatos de dominguero cuyo libro de instrucciones se reducía a un díptico, o folleto desplegable, en el que increíblemente cabía toda la información sobre el manejo del aparato en al menos 5 idiomas. Normalmente era menos arriesgado leerlo en inglés que en las traducciones de español que podían encontrarse en esos entrañables folletos,traducidos probablemente a todos los idiomas por la misma persona, seguramente algún becario riguroso desconocedor de todos y cada uno de ellos. Hace cosa de un año me decidí a comprarme una cámara de verdad, de las que hay que pagar en varias veces, y me di cuenta de que al libro de instrucciones le llaman así porque en las cosas de calidad, las cosas que valen lo que cuestan y cuestan mucho, el libro de instrucciones ya no puede ser un panfleto desplegable, tiene que ser un libro. Cuando algo es bueno de verdad, cuando a algo se le puede realmente sacar partido, es necesario que nos expliquen pormenorizadamente todas sus posibilidades, que probablemente jamás lleguemos a agotar.Probablemente incluso nunca lleguemos a leer el libro entero, pero nos daremos cuenta cada vez que leamos una parte de él, de las posibilidades que nos habíamos perdido antes de leerlo. La literatura que precede a los aparatos,máquinas, electrodomésticos e ingenios mecánicos es directamente proporcional asu calidad, y cuando adquirimos algo que carece de un manual que pese menos de una cuarta parte que el aparato, hay que desconfiar de su calidad de inmediato.Este teorema me lo acabo de inventar, pero es realmente útil, aunque hay casos (neveras, coches, etc), en los que se puede matizar un poco.
 
El caso es que esto es así en todo lo que fabrica el ser humano, en todo...excepto en el arte. El arte , curioso mundo, es la única actividad llevada a cabo por seres humanos en la que la cantidad de literatura presuntamente de lectura obligatoria que precede a un objeto o creación es inversamente proporcional a su calidad. Curadores, críticos, teóricos y demás elementos surgidos en los jardines del arte en los últimos tiempos, se han erigido en los actores de un curioso papel, el de abogado defensor de una causa perdida, en los que intentan completar la labor que el artista no fue capaz de hacer: la de llegar al espectador. Tienen que encender unas cerillas de pólvora mojada, en las que el chispazo nunca va a aparecer.
 
La misma desconfianza que me producía la ausencia de texto en aquel despertador chino que duró tres días y medio (por fortuna, todo hay que decirlo), me la produce una exposición de arte en la que el texto es omnipresente en las paredes, e intenta explicarte el motivo por el cual esas otras cosas que hay en las paredes son obras de arte.
 
Que Carmen Martín haya pensado en mí para prologar su exposición PARA ELISA es un arma de doble filo, un honor y una putada a partes iguales. Porque aunque me encantaría escribir cosas sobre sus cuadros y que estas cosas les fuesen realmente útiles a los espectadores y a ella, sé que no puedo hacerlo, y que aunque este texto lo escribiese Umberto Eco tampoco podría hacerlo. Hay artistas, y yo conozco a muy pocos, que dejan en evidencia cualquier cosa que se diga o escriba de sus obras, que convierten la literatura de los manuales de instrucciones de arte en textos perfectamente prescindibles y olvidables con el simple e inmediato chispazo que establecen con el espectador que ve su obra. Si hubiera muchos más artistas como Carmen, los curadores, críticos, comisarios,teóricos, etcétera, pasarían de inmediato a engrosar la cola del INEM,... nadie los necesitaría, ningún espectador leería nada de lo que escriben...si es que alguien lo hace. En esos extraños casos en que la obra, pintura en este caso,golpea con toda su fuerza en el espectador por la vía directa, como un puñetazo o como un beso, son inútiles las explicaciones. La línea recta es el camino más corto entre dos puntos, y si entre el que pinta y el que observa se establece ese flechazo directo, desnudo y explosivo, todo lo que se interponga en medio no es más que un obstáculo que lleva todas las de perder. Por eso prefiero rellenar esta introducción con simpáticas anécdotas sobre despertadores y manuales de instrucciones, que intentando en vano explicar a alguien lo que se siente al ver un cuadro de Carmen Martín. Quien lo haya visto lo comprenderá de inmediato, sin más explicación, y entenderá porqué Cupido llevaba una flecha y no un manual de instrucciones.











2 comentarios:

Daniel Pérez dijo...

Totalmente de acuerdo, Anxo, tu amigo ha hecho una presentación inmejorable.

Manolo López dijo...

Que rollo que nos ha soltado Mariano para decir, lo que hay que decir, nada. Totalmente de acuerdo. Felicidades a los dos.

Seguir por e-mail